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Cultura en La Laguna

The Rebel Octopus: la melodía es una dictadura

Alejandro Álamo |

Manolo Rodríguez y Carlos Costa llevan ya 26 años tocando juntos -formaron parte, de hecho, de las primeras generaciones de jazzeros que tenían El Búho como enclave-. Sin embargo, no fue hasta 2007 que, a raíz de algunos viajes a Nueva York, experimentaron un encuentro especial con la improvisación libre. Si bien ya tenían referencias de esta música, fue entonces cuando decidieron concentrarse en ella.

La improvisación libre nace en los años 60, en un momento en que los músicos clásicos comienzan a entender la improvisación como algo menos idiomático, con menos reglas y patrones a seguir y sin una linealidad definida. Comenzó entonces un replanteamiento de la música que les llevó a observar de una nueva manera el instrumento y a explorar las posibilidades que abre.

Hoy Manolo (guitarra) y Carlos (contrabajo) se presentan como The Rebel Octopus y ofrecen su improvisación libre allá donde van. Anoche fue el turno de Café Siete, local en el que actúan con cierta frecuencia.

“Esta música tuvo un boom hace unos años”, comenta el guitarrista. Hoy en día son lugares como El Generador o Festivales como Numa Circuit o Loft Music Festival -organizado por los mismos integrantes de The Rebel Octopus– los espacios que dan cabida a esta música. “Esto no tiene que ver con un estilo, es un proceder”, afirman para cortar el debate sobre el género al que pertenece. Esa discusión no tiene cabida aquí. Más aún, la improvisación libre genera una expresión de la que lo que se disfruta es el proceso, no el producto.

“La melodía es una dictadura” porque sienta unos cánones que hay que seguir para que el todo funcione. Los procesos que The Rebel Octopus plantea se afrontan siempre de manera muy abierta. Solo hay dos normas: improvisar y ser libre. El único compromiso, el momento. La escucha entre ellos es fundamental, como lo es la libertad para arrancarle un sonido u otro al instrumento. No se sabe por dónde se empieza, ni dónde se acaba. Tanto es así que en el proceso se crea una atmósfera en la que la sala también tiene un papel: El sonido de una copa o los murmullos siempre influyen. “En esta ocasión, la actuación no la terminamos nosotros, sino el sonido de un móvil de alguien del público al recibir un WhatsApp”.

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Esta entrada fue publicada en mayo 3, 2013 por en Pentagramas y etiquetada con , , , , , , .

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